Ayer estaba cabreado el cielo.
Y eso que había ganado la selección. Una prueba más de que al cielo, y al universo en general, les importa un carajo el fútbol y los humanos.
La ciudad universitaria estaba oscura a las ocho de la mañana y los truenos hacían retumbar los cristales del CPD. Y yo, sentado en mi silla, al lado de mi ordenador, era testigo del ambiente de supina idiotez que construimos cuando pensamos que tenemos poder para algo relevante. Mirad afuera en un día como el de ayer. Mirad afuera en una tormenta. Eso es fuerza. Eso es poder.
Y todavía hay algún tonto que se pregunta la razón por la cual los humanos hemos creado deidades de la nada. ¡Qué sencillo resulta creer en un Zeus iracundo cuando hay una tormenta violenta! ¡Qué facil debe ser ver a Poseidón entre las ciclópeas olas de un tifón en el Pacífico! Y es que cuando la vida nos pone la Inmensidad delante de las narices las cosas se ven de pronto de una forma muy distinta. La palabra inabarcable cobra el sentido que siempre debió tener.
Una persona cuya inteligencia aprecio me dijo una vez que el firmamento era alcanzable desde hacía unos cuantos años. Ya... claro.
Tendemos a darnos demasiada importancia, a dar demasiada importancia a los logros del ser humano. Tal vez sea porque antes de que llegáramos nosotros, nada ni nadie había dado importancia a nada en absoluto. Que se sepa, claro. Tal vez sea porque, por desgracia, no tenemos otra cosa a la que aferrarnos. Tendemos a ocultar con un orgullo desmesurado que, muy en el fondo, sabemos que somos algo muy cercano a cero si nos ponemos en situación.
Y no ha hecho falta esperar a que el Hubble saque fotos de galaxias a billones de años luz, no. Eso es algo que el ser humano sabe desde que, subido en su rama u oculto en su cueva, hace millones de años, miró hacia el cielo y lo vio cabreado. Tal como ayer.
La ciudad universitaria estaba oscura a las ocho de la mañana y los truenos hacían retumbar los cristales del CPD. Y yo, sentado en mi silla, al lado de mi ordenador, era testigo del ambiente de supina idiotez que construimos cuando pensamos que tenemos poder para algo relevante. Mirad afuera en un día como el de ayer. Mirad afuera en una tormenta. Eso es fuerza. Eso es poder.
Y todavía hay algún tonto que se pregunta la razón por la cual los humanos hemos creado deidades de la nada. ¡Qué sencillo resulta creer en un Zeus iracundo cuando hay una tormenta violenta! ¡Qué facil debe ser ver a Poseidón entre las ciclópeas olas de un tifón en el Pacífico! Y es que cuando la vida nos pone la Inmensidad delante de las narices las cosas se ven de pronto de una forma muy distinta. La palabra inabarcable cobra el sentido que siempre debió tener.
Una persona cuya inteligencia aprecio me dijo una vez que el firmamento era alcanzable desde hacía unos cuantos años. Ya... claro.
Tendemos a darnos demasiada importancia, a dar demasiada importancia a los logros del ser humano. Tal vez sea porque antes de que llegáramos nosotros, nada ni nadie había dado importancia a nada en absoluto. Que se sepa, claro. Tal vez sea porque, por desgracia, no tenemos otra cosa a la que aferrarnos. Tendemos a ocultar con un orgullo desmesurado que, muy en el fondo, sabemos que somos algo muy cercano a cero si nos ponemos en situación.
Y no ha hecho falta esperar a que el Hubble saque fotos de galaxias a billones de años luz, no. Eso es algo que el ser humano sabe desde que, subido en su rama u oculto en su cueva, hace millones de años, miró hacia el cielo y lo vio cabreado. Tal como ayer.
1 comentario:
Las estrellas son más inteligentes que los humanos... por eso son tan inalcanzables para nosotros xD
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